lunes, 4 de agosto de 2008

Paradojas verbales

El hablar aquí de paradojas orales tiene su motivación en la posterior y más profunda explicación de las paradojas temporales. Si bien las primeras son susceptibles de estudio por la misma herramienta que las componen, las segundas necesitan un riguroso examen lingüístico, pues su argumentación es doble.
Parece evidente que si el defecto proviene del idioma, este posee los suficientes recursos para contravenirlos y rectificar así su inexactitud. Por lo contrario, si ese defecto proviene además del concepto, tendremos que hacer un esfuerzo especial para determinar la parte de culpa del idioma y la de la idea en sí.
Hablaremos primeramente de la paradoja verbal.

Como bien sabemos, las paradojas surgieron en cuanto el ser humano empezó a utilizar el potencial de abstracción de su razón. La civilización griega se recreó incluso de tal manera en las paradojas orales que se apartó ostensiblemente de temas realmente interesantes (según los cánones de la ciencia) para rozar los límites de la simple dialéctica. Esto por supuesto era necesario. El hombre debe jugar con las ideas. Pero para ello, debe tantear la herramienta con que las expresa.
O traduce.
Queremos sin embargo rechazar aquí y ahora la importancia que dichas paradojas puedan tener sobre la comprensión de aquellas, verdaderas, que pueblan nuestro universo. Insistiremos pues en que son meros juegos del intelecto al servicio de poca o ninguna idea, real o profunda, que afecte al que los ejerce.
Pongamos un ejemplo:
Platón en " El Banquete "demuestra capitulo tras capitulo que "el amor no es bello".
Esta "demostración", la consigue inteligentemente de la siguiente aparente contradicción de los dos siguientes postulados.
-"¿Le parece que el amor ansía ser bello? "
-"¡Si!", responde el aludido.
-"Por lo tanto - y he aquí la conclusión errónea a una respuesta equivocada -si lo ansía es que no lo es, pues si lo fuera, ¡no habría de ansiarlo!
A esto, de manera florida e insidiosa, se reducen unos cuantos capítulos de "El banquete" de Platón.
Démonos cuenta de que esta supuesta contradicción desaparecería en cuanto el interlocutor respondiera "¡no!". No, el amor no ansía ser bello puesto que ya lo es (suponiendo que a uno le parezca así).
Pero lo importante que destacar aquí es que un hecho tan aburrido como esa pseudo-demostración, nos lleve a compartir contigo, estimado lector, estas pocas líneas. Y lo peor, que quizás hayas leído como yo las muchas paginas del " Banquete" de Platón. No te indigestes pues.

3 comentarios:

sophie dijo...

Acerca de la supuesta indigestión, Platón no es más que un hijo de su educación: algo reprimido e incapaz de admitir asuntos tan evidentes como la homosexualidad griega o la de su propio maestro Sócrates. No hay indigestión si la postura del lector es la correcta.La belleza griega se expresa a través del arte, no de su filosofía.

Interesante blog.

Anónimo dijo...

No creo que no admitiera la homosexualidad. Me parece que en aquel entonces, ni se llegaba a plantear como algo extraño.

sophie dijo...

Los prejuicios también existían en aquellos tiempos y Platón especialmente pecó de iluso y de reprimido, querido anónimo.