jueves, 19 de mayo de 2011

Matriarcado en la prehistoria

A raíz de una polémica que tuve recientemente con mi hijo Aloys, me pregunté si la idea que tenía de que las primitivas sociedades prehistóricas estaban basadas en matriarcados se correspondía con las teorías actuales. 
Me refiero a que suele ser un ejercicio muy saludable el actualizar los conocimientos que uno ha ido adquiriendo a través de los años de su vida, unos más contrastados que otros. También es cierto que las teorías que aprendimos de jóvenes no siempre permanecen en el tiempo.

 
Escuchaba recientemente el programa de France Inter del que ya hice referencia anteriormente La marche de l’Histoire, en este caso dedicado al Hombre del neolítico (L’homme du néolithique). Decían en él que el neolítico empezaba cuando los cazadores – recolectores se sedentarizaron buscando lugares en los que entre la pesca, la caza y la colecta de frutas, podían vivir durante todo el año.

Neolítico: Nueva edad de Piedra.

Lo que más me llamó la atención del programa fue que en cincuenta años de investigación los arqueólogos habían retrasado en tres milenios la fecha del comienzo del neolítico.

Los 2500 a. C. en los que fechaban los científicos de  1960 se han convertido en los 5500 a. C., la fecha actual en la que se piensa que empezó el neolítico.

También se ha actualizado la idea que se tenía de aquellas primeras sociedades que se consideraban apacibles (1960) y que ahora se reconocen tan violentas como es la historia (y desgraciadamente, el carácter) del hombre. Concretamente, se supone que el mito de Caín y Abel representaría precisamente el conflicto primigenio del hombre-nómada frente al hombre asentado.

Está claro que incluso una ciencia tan endeble (por intangible y lejana en el tiempo) se aprovecha de los grandes adelantos, por ejemplo en datación del carbono 14.

Además de estos datos que os comunico de aquel estupendo programa, también me pareció interesantísima la explicación de esa sedentarización de nuestros antepasados.

Hoy en día se piensa que tuvo razones más intelectuales que prácticas. Es decir que el hombre antiguo se paró a pensar. Y para eso necesitaba un hogar, por precario que nos parezca ahora, pero simplemente un lugar un poco más tranquilo que las paredes de viento y el techo de estrellas. Y que esto prevaleció sobre la idea que se tenía hace cincuenta años de que era debido a la explosión demográfica y la necesidad de obtener alimento de forma más segura.

Nota para los especuladores y mercenarios (suelen vivir de esas especulaciones) de misterios: en el programa referido (la marche de l’histoire) reproducían una noticia: en la región del Morbihan, allá por el Finistère (Finisterre francés), un menhir tumbado del neolítico de 19 toneladas y alto de 7, 30 m fue levantado a pulso mediante cuerdas tiradas por 450 hombres.

Si haceis una simple división: 19000 Kg / 450 hombres = 42 Kg.

Un peso muy asumible para cada hombre.

Al parecer todo es cuestión de fuerza bruta y números. No de ovnis.
Todo esto para entender que los conocimientos cambian (afortunadamente) con los años.

Así pues revisé mis ideas sobre los matriarcados prehistóricos.

Debo decir que, dado que hablamos de la prehistoria, nos referimos precisamente a fechas todavía más antiguas que el neolítico. Hablamos de más de 5000 años antes de Cristo.

Así que si ya quedó claro que las noticias que tenemos del neolítico han cambiado en cincuenta años, con más razón se diluirán las ideas que nos hacemos de la prehistoria.
Y como de prehistoria hablábamos al señalar las primeras civilizaciones posiblemente matriarcales, está claro que no podemos asegurar nada.

Debo decir que lo que encontré en la red me dejó tan dubitativo como lo era antes. Encontré tantos argumentos a favor como en contra de esas posibles protocivilizaciones matriarcales.

La teoría que yo conocía de mi juventud (desgraciadamente los años setenta) era que los primeros asentamientos humanos basaban sus centros en torno a las madres. Ellas eran las organizadoras de esos núcleos y los hombres se convertían en las herramientas para traer comida o descubrir cobijos para su tribu. Se supone que tales núcleos prehistóricos también se regían según leyes matrilineales, esto es; en las que la herencia principal es la que transmite la mujer.

Todo esto lo volví a encontrar en la red y los matriarcados prehistóricos siguen siendo teorías vigentes.
Pero también encontré artículos que rebaten esta idea. El argumento principal sería que el matriarcado aparente podría estar enmascarando la idea que seguimos teniendo del hombre en el hogar. Sí. La mujer organiza la casa y el hombre se va de caza. Pero al final esto ocurre porque el hombre se relaja en casa cuando a “jugado” a cazar mientras que sobre la mujer recae todo el peso de la responsabilidad final del hogar.

Como tengo la sensación de que todo esto es bastante discutible, muy utilizable políticamente y poco provechoso puesto que no hay manera (por ahora) de contrastarlo, os remito a vuestra propia investigación y algunas notas de la red:

A favor:


En la Prehistoria durante miles de años, según leemos en la Encicl. Espasa, Tomo 33, refiere HAYES (1988, 1000): "... los núcleos de población se agruparon ante todo alrededor de las madres, pues las mujeres por su condición más sedentaria cultivaban con sus hijos los campos constituyendo, por tanto el protoplasma de la vida social..."
Al principio todas las sociedades habrían pasado por una primera etapa de matrilinealidad. Al respecto afirma MORGAN, Lewis H. (1987, 127): La sociedad primitiva. Editorial Endymión, Madrid: "Allá donde la descendencia se sigue por la línea femenina como lo era universalmente en el período arcaico... y cuando la descendencia sigue la línea masculina -a la cual pasó después de la aparición de la propiedad-...".

En contra:


Según el profesor e historiador Javier García del Toro, nunca ha existido matriarcado, se trata de un montaje falso, realizado en función de datos erróneos. Para ello pone como ejemplo el caso de una diadema de oro del año 2000 a . C., encontrada en la localidad de Cehegín, que hablaría de alguna manera de una especie de Matriarcado, de una consideración muy alta hacia la mujer en las sociedades primitivas. Estas consideraciones partían de la base –erronea según él- de que “para muchos historiadores está bien claro que quienes llevan collares, pendientes o diademas…, sólo pueden ser mujeres”, por ello, a menudo, se afirmaba que era una mujer la portadora de estos objetos, “sin estudiar siquiera el diformismo sexual osteológico de los cadáveres”.