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viernes, 27 de julio de 2012

¿Cómo llamo a esta 4ª entrada?


Otro reto lógico del libro de Raymond M. Smullyan, ¿Cómo se llama este libro?:

En esta popular adivinanza, un hombre ha cometido un delito castigado con la muerte. El hombre tiene que emitir un enunciado. Si el enunciado es verdadero será ahogado; si el enunciado es falso será ahorcado. 

¿Qué enunciado emitiría para confundir a sus verdugos?

[Respuesta]
¡Seré ahorcado!
Si no lo entendéis abrid la explicación.
[Explicación]
Si es verdadero lo que dice (seré ahorcado) debería ser ahogado según sus verdugos. Pero no podría ser ahogado puesto que dijo que sería ahorcado. Ahora bien. Si era mentira (lo de ser ahorcado) debería ser ahorcado según sus verdugos. Pero no podría ser (ahorcado) puesto que entonces sería verdad y entonces debería ser ahogado... lo que lo convertiría en mentira y debería ser ahorcado...

miércoles, 11 de julio de 2012

¿Y qué título le doy a esta 3ª entrada?


Hola. Siguiendo el curso de mis últimas entradas, toca pensar un poco.

No sé si os hacen mucha gracia estas entradas relativas al libro de Raymond Smullyan “¿Cómo se llama este libro?” pero a mí me parece que si capta a tan solo uno de los que estáis ahí detrás de la pantalla, habrá valido la pena.

Este pequeño ejercicio mental que traigo hoy me ha costado pensar un poco más de la cuenta.
No es que los demás se me den fenomenal y que los pille a la primera – no pretendo tener un cerebro instantáneo y perfecto – pero este en particular me ha hecho comerme el coco.

Daos cuenta de que lo que importa aquí no es en ningún caso descubrir la adivinanza o intuir el resultado de la paradoja. Lo importante es desmenuzar el problema y analizarlo hasta entenderlo en su totalidad. Se trata de conseguir ese “clic” en vuestro cerebro que asegura de que habéis recorrido todo el camino desde el planteamiento de la pregunta hasta su entendimiento, siendo un viaje que debéis seguir desde la más completa soledad de vuestro cerebro.

Todo esto anterior lo escribo para asustaros un poco. En realidad no es tan complejo.

(Smullyan) Dice así: 

Esta demostración nos demostrará que uno de los dos hermanos Tweedledum o Tweedledee existe.
Solo eso.
Ni siquiera nos apuntará cual de los dos es el que existe. Sólo eso: que uno de los dos sí que existe.

El enunciado contiene estas tres sencillas oraciones:

1 – TWEEDLEDUM NO EXISTE

2 – TWEEDLEDEE NO EXISTE

3 – AL MENOS UNA ORACIÓN DE ESTE ENUNCIADO ES FALSA

Vamos con el razonamiento:

Smullyan dice: 
Considérese la oración 3. Si es falsa, entonces no es el caso que al menos una de las tres oraciones sea falsa, lo que significa que las tres oraciones son verdaderas, lo que significa que la oración 3 es verdadera, y esto es una contradicción. Por lo tanto, la oración 3 no puede ser falsa; tiene que ser verdadera. 

Yo digo: Aquí está el meollo de la cuestión. El preciso razonamiento por lo absurdo que nos lleva a la conclusión de la que el resto del razonamiento seguirá. 

Cuando leí lo anterior, intuí que era cierto lo que decía Smullyan pero al aplicar mi propio razonamiento de pe a pa, tropecé con la siguiente duda:

Parto yo también de la premisa de que 3 es falsa. AL MENOS UNA DE LAS TRES ORACIONES ES FALSA. Vale. Lo que dice 3 exactamente es que una, dos o las tres oraciones lo son (falsas). Y aquí es donde tropecé. Si te lías con el significado de 3, te cuesta ver que su falsedad (que no su contrario) será: NI UNA NI DOS NI TRES DE ESTAS ORACIONES ES FALSA. Es decir, tal como lo explica Smullyan: LAS TRES ORACIONES SON VERDADERAS y por lo tanto hemos llegado a una contradicción puesto que partimos de la base de que 3 era falsa y eso nos llevó a ver que debe ser verdadera.

¡Y cuidado! 

Siendo verdadera, lo que nos dice al final es que AL MENOS UNA DE LAS ORACIONES ES FALSA

Lo que me encanta de la conclusión es que 3 es verdadera por la contradicción de que si fuera falsa nos revelaría por inducción que es verdadera. ¡Formidable no?

El final del razonamiento es menos importante (y de cajón):

Hemos demostrado que UNA SOLA DE LAS ORACIONES ES FALSA (ya que 3 es verdadera) por lo tanto o 1 o 2 es falsa. Esto es: o TWEEDLEDUM NO EXISTE o es TWEEDLEDEE el que no lo hace.
 
¿No os suena esto al gato vivo y muerto a la vez? El gato de Schrödinger.
Un experimento también imaginario, si es que así se puede definir aquello elaborado tan solo con el cerebro de Erwin, y sin embargo con tantas consecuencias acerca de universos paralelos…

No conozco nada mejor que pensar. Hace poco me dijeron que la meta principal o el destino de los seres humanos (aquello para lo que estamos aquí) era tener descendencia. Que esa es la razón principal del hombre. La procreación. Habréis adivinado que discutí acerbamente acerca de que para mí eso era la meta del hombre animal. Sí, sin duda nuestros antecesores prehistóricos hicieron muy bien su trabajo y nos han traído hasta aquí. Pero nosotros, si queremos definirnos como seres evolucionados, deberemos desarrollar por encima de cualquier consideración (incluida la procreación, siempre habrá animales entre nosotros) el libre pensamiento, el aprendizaje y la superación intelectual.

Sé que suena un poco a lo del Übermensh, el super hombre de Nietzsche pero estoy convencido de que todo ser vivo debe mejorar aquel rasgo diferencial que le caracteriza. El león ha perfeccionado sus técnicas de caza y su poderío muscular. Nosotros tenemos (o deberíamos tener) cerebro.

Por otra parte, también estoy convencido de que se terminarían casi todos los problemas de la humanidad si pensara más y procrease menos.

martes, 10 de julio de 2012

¿Qué título le doy a esta 2ª entrada?


Seguro del éxito de esa primera entrada de cuyo título no me puedo imaginar, ahí va la segunda.

Pero antes que nada me gustaría incluir la primera de las paradojas que Raymond M. Smullyan incluye en el prefacio de su estupendo libro "¿Cómo se llama este libro?".

La cuenta de pasada bajo la forma de una anécdota en primera persona:

Dice que cuando era pequeño, con cinco años, su hermano mayor lo despertó a primera hora de la mañana de aquel día de los Santos Inocentes (el 1 de abril en el mundo anglo-franco-sajón) para advertirle de que le gastaría la mejor inocentada de su vida a lo largo del día.

Pasó el día entero sin que nada pareciera confirmar el ansiado momento de la inocentada y la madre de Smullyan le preguntó el motivo de su patente nerviosismo.

Al enterarse del asunto, llamó a su hijo mayor para que aclarase con el pequeño Raymond la inconsistencia de su promesa, si es que tal había sido el caso. Este fue el diálogo que Emilio y Raymond mantuvieron:

E: Así que esperabas que te diera una inocentada ¿verdad?
R: Sí.
E: Y yo no te la he dado ¿no?
R: No.
E: Pero tú creías que te la iba a dar ¿o no?
R: Sí.
E: Entonces, te la dí, ¿a que sí?

¿Bonito no? Le había dado la inocentada al no dársela. 

Este tipo de paradojas llena muchas páginas de este libro de Raymond M. Smullyan, de las del tipo "¿mintió al decir que siempre mentía?". Si es así dijo la verdad puesto que era mentira que siempre mentía. Pero lo que dijo, que siempre mentía, era entonces verdad y sí que mentía...

Ya veis por donde vamos. Los maravillosos peligros del lenguaje y de su profundo significado.

En esta línea de pensamientos, dice Smullyan que el filósofo Bertrand Russell describía a su colega G. E. Moore como una de las personas más honestas que había conocido nunca, y un día le preguntó si había dicho alguna vez una mentira a lo que Moore contestó afirmativamente. Hablando de esto Russell escribió: "Creo que esta es la única mentira que Moore dijo en toda su vida."

De este mismo libro desarrollé en su día aquella entrada > ¿Puede existir lo uno y su contrario?
Raymond M. Smullyan

¿Qué título le pongo a esta entrada?

Desde mi 16 cumpleaños, uno de mis libros perennes de cabecera tiene por título "¿Cómo se llama este libro?". Y no. No es que no recuerde el título del libro, es que ese es su título. Toda una declaración de intenciones que presagia con toda intención la enorme sucesión de paradojas incluidas en su interior.

El autor del libro es Raymond M. Smullyan, nacido en 1919, según se deduce del prefacio, un personaje que debió ser mago profesional, pero también vendedor ambulante en tiempos de carencias. Todo estos datos, los doy con cierta reserva vista la ironía (y el juego de mentiras) del autor.

No sé si el libro se sigue vendiendo pero si es así os lo aconsejo fervientemente.

Yo - por si acaso - os voy a resumir algunas de sus maravillosas paradojas.

La primera del libro es una adivinanza que era extraordinariamente popular cuando él era pequeño, pero que hoy parece menos conocida.
Un motivo más para recuperarla aquí, en la red.

Dice así:
Un hombre estaba mirando un retrato y alguien le preguntó:
- "¿De quién es esa fotografía?"

a lo que él contestó:
-  "Ni hermanos, ni hermanas tengo, pero el padre de este hombre es el hijo de mi padre".

incluyendo la aclaración de que "El padre de este hombre" se refiere al padre del que está en la fotografía.
y la evidente pregunta:
-¿De quién es la fotografía que está mirando el hombre?
[Respuesta]
Resumiendo la respuesta de Smullyan, el hombre de la foto es el hijo del que la mira. Explicación desmenuzada de la frase: 1 - Ni hermanos, ni hermanas tengo > sirve para acotar la descendencia del padre de este hombre. Para que no nos liemos con posibles hermanos.2 - Cambiamos > "hijo de mi padre" = yo (ya que no hay hermanos según 1) > La críptica frase queda así:El padre de este hombre soy yo.El que mira la foto es el padre del de la foto.¿Simple, no?
[Respuesta]
Resumiendo la respuesta de Smullyan, el hombre de la foto es el hijo del que la mira. Explicación desmenuzada de la frase: 1 - Ni hermanos, ni hermanas tengo > sirve para acotar la descendencia del padre de este hombre. Para que no nos liemos con posibles hermanos.2 - Cambiamos > "hijo de mi padre" = yo (ya que no hay hermanos según 1) > La críptica frase queda así:El padre de este hombre soy yo.El que mira la foto es el padre del de la foto.¿Simple, no?